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La Fiesta Nacional

La polémica de estos días en relación con la fiesta de los toros merece un atento análisis. Para la “opinión pública” primaria y pasional se presenta la cuestión en términos sensibleros y muy polarizados de la forma “blanco o negro” para que se tome partido inexorable por uno de los dos extremos, esa es la finalidad de las fuerzas políticas, en especial del nacionalismo miserable catalán.

 

Si se sigue la condena y prohibición de las corridas de toros, se estará del lado del humanismo izquierdista-nacionalista tolerante, democrático y civilizado, si por el contrario se sostiene la defensa de lo taurino, nos estamos deslizando por el lado del conservadurismo más rancio y montaraz.

 

La trampa está cuidadosamente ingeniada, y es prácticamente imposible escapar. Desde el punto de vista meramente tecnológico, que es el que cuenta, las cuestiones éticas internas al asunto tauromáquico carecen de importancia, lo realmente importante es tomar partido por un paquete ideológico u otro, y su objetivo es avanzar en el separatismo nacionalista catalán aprovechando este asunto, de manera que cuanto más visceral sea la disputa, más destaca el trasfondo de nacionalidad superior y revestida de legitimidad de Cataluña.

 

Ya digo que la polémica tramposa es casi perfecta, y cuenta con precedentes exitosos como las de las lenguas vehiculares en la enseñanza, la del matrimonio homosexual o la de la ley del aborto, en las que de la misma forma, a la facción promotora de semejantes mamarrachadas le importa una higa lo adecuado, prudente, demandado o consistente de sus imposiciones como mayoría partitocrática. Lo que de verdad importa es la capacidad de resaltar la división y el encono; los perros rabiosos que son la derecha y la iglesia católica española, caerán en la trampa, se verán atrapados por el cuello y cuanto más se debatan en sus protestas, con más fuerza quedarán anudados y sucumbirán asfixiados por su propia campaña contraria a propuestas progresistas, modernas, democráticas, que no admiten discusión desde el punto de vista de una colectividad infantilizada, cobardeando en tablas, carente de capacidad discursiva como es el electorado español.

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