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Insoportable burocracia

En España tenemos una panoplia de tributos y leyes incoherentes, redundantes, contradictorias, confusas, inconsistentes y/o ineficaces que se multiplican por 17+2 que son el número de pequeños estados feudales dentro del estado (pura negación del todo y la parte). La normativa a cascoporro se precipita sobre el ciudadano en forma de leyes, decretos, reales decretos, convenios, órdenes, reglamentos, que fomentan la mecanización y robotización del individuo, totalmente saturado de intervencionismo, con políticos y jueces subidos todo el día en nuestra chepa. El dirigismo y el “horror vacui” se hace fuerte desde la más tierna infancia, con políticas de juventud que nos dictan cómo hay que hacer uso del ocio y del negocio. El afán del estado de asomar sus narices en cualquier asunto de la gente, conduce a poner a sueldo a sindicalistas, asociaciones de vecinos, academias de cine y en general cualquier plataforma ciudadana que puede servir de altavoz para las proclamas políticas. El individuo que pretenda promover cualquier iniciativa social, empresarial o cultural al margen del “establishment” pero ateniéndose fielmente a la legalidad vigente, está condenado a quedar petrificado como estatua de sal a la primera de cambio, por esa maraña jurídica paralizante, de tal modo que la picaresca y la corrupción no sólo se favorecen sino que son inevitables para poder sobrevivir a tamaña fuerza asfixiante. Hasta el modelo económico va a ser dictado por nuestro régimen legalista sin tomar en consideración la máxima jesuítica: “en tiempos de tribulación no hacer mudanza”, o la más pedestre: “con las cosas de comer no se juega”. El pueblo español saldrá adelante ¡?, pero señores recaudadores-legisladores, ¡denle hueco coño, denle hueco!

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