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Canallesca

De sobra es conocido que el interés pecuniario preside casi todos los órdenes de las relaciones sociales. Los medios de comunicación de masas que en función de su gran audiencia se sostienen gracias a los ingresos publicitarios, han ido rebajándose progresivamente en decoro tratando de excitar cada vez más la curiosidad malsana de la masa espectadora para mantenerla atenta a sus mensajes comerciales. La televisión es un medio de enorme poder invasivo, aúna imagen y sonido y es barato. Hasta el momento es el medio más multitudinario y el que más adeptos tiene entre la población de escaso nivel económico, cultural e intelectual. Los expertos en mercadotecnia conocen bien estos datos y elaboran sus productos para este tipo de clientela, pero también el aglomerante del brebaje debe ser el adecuado: entre paquetes y paquetes de anuncios publicitarios intercalan el excipiente adecuado, de sabor ácido o empalagosamente dulce y de colores llamativos para las mentes más pueriles. Estos siniestros expertos en morbosidad no se paran en barras y pueden llegar a pagar a un despreciable violador y asesino para que en pantalla muestre sus miserias a la masa consumidora, ávida de emociones fuertes.

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