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samadhi

Mateo, 4, 1.

“En aquella sazón, Jesús fue conducido del Espíritu de Dios al desierto para que fuese tentado allí por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días con cuarenta noches, tuvo hambre.

Entonces, acercándose el tentador, le dijo: Si eres el Hijo de Dios, di que esas piedras se conviertan en panes. Mas Jesús les respondió: Escrito está: No de sólo pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca de Dios. Después de esto le transportó el diablo a la santa ciudad de Jerusalén, y le puso sobre lo alto del templo, y le dijo: Si eres el Hijo de Dios échate de aquí abajo; pues está escrito: Que te han encomendado a sus ángeles, los cuales te tomarán en las palmas de sus manos, para que tu pie no tropiece contra alguna piedra. Replicole Jesús: También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios. Todavía le subió el diablo a un monte muy encumbrado; y mostrole todos los reinos del mundo, y la gloria de ellos, y le dijo: Todas estas cosas te daré si, postrándote delante de Mí me adorares. Respondióle entonces Jesús: Apártate de ahí, Satanás: porque está escrito: Adorarás al Señor Dios tuyo, y a Él sólo servirás. Con eso le dejó el diablo; y he aquí que se acercaron los ángeles, y le servían”.

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